¡Cuánta ciencia en una sola hortaliza!
Por un lado mis compañeros de Agraria del IES Santa María del Águila crían col romanescu para que los alumnos de ciclos aprendan su cultivo.
Por otra parte, mis ojos matemáticos ven que es un FRACTAL, una forma geométrica que se repite dentro de ella misma a diferentes escalas. Cada protuberancia de la col, si la corto, es una nueva romanescu, más pequeña. Los fractales fueron definidos en 1975 por Benoit Mandelbrot utilizando para ello los primeros ordenadores IBM. Viene del latín fractus (que quiere decir roto, fracturado), porque "rompiendo el objeto" obtenemos el mismo fractal de nuevo. Algunos matemáticos como Weierstrass (1872) o Sierpinski (1915) habían generado funciones continuas no derivables, con infinito área y perímetro. Pero eran tan "monstruosas" que no se podían imaginar, hasta que Mandelbrot lo logró.
Y, por último, el crecimiento de cada protuberancia de la romanescu sigue la SUCESIÓN de FIBONACCI, formando espirales áureas. Esta sucesión (1, 1, 2,3, 5, 8,...) es recurrente, se obtiene sumando los dos términos anteriores. Además, la proporción entre cada término y el anterior se aproxima al número áureo. Este hecho está presente en muchos otros elementos de la naturaleza: las piñas, las conchas del nautilus, los girasoles...


